DIFERENCIAS EN LA MORTALIDAD

La expectativa de vida ha crecido significativamente en el último siglo con un incremento promedio de 30 años. Algunos países como Japón, varios de Europa y Estados Unidos están cerca de los 80 años de esperanza de vida para los hombres y algo más para las mujeres.

La curva de Preston relaciona el nivel de ingresos y la esperanza de vida y muestra una relación positiva, con una pendiente pronunciada de casi 90 grados hasta los 5.000 U$S de ppp año 2000 y después una muy suave de 15 grados que se inicia en el punto de los 5000U$S y 65 años. Argentina aparece por encima del trazo de la curva a los 73 años promedio de esperanza de vida.

Que la gente vive más y mejor ahora que antaño es una realidad. Que los países más ricos tienen más esperanza de vida también los es, si bien la diferencia entre ingresos es mucho mayor que entre las edades esperadas de supervivencia.

Lo que es mucho más interesante es que dentro de los países hay marcadas diferencias de mortalidad entre las personas con distintos ingresos. Los más pobres tienen peor salud y se mueren mucho antes que los ricos. Esto no sucedía al principio de la revolución industrial en que los ricos y pobres no mostraban diferencias significativas en sus tasas de mortalidad.

Lo interesante es que las respuestas convencionales no explican las diferencias de mortalidad. Estudios realizados demuestran que las diferencias no se explican por calidad de los tratamientos. Los niños pobres tienen peor salud que los ricos, pero la diferencia es mucho más marcada si se controla por el nivel educativo de la madre. Los niños de madres con menos de doce años de educación duplican la mortalidad frente a los hijos de universitarias.

La salud pública buena o mala afecta también en forma diferente a los más educados, que se adaptan mejor a sus potenciales deficiencias.

La respuesta parece estar más en la aplicación del conocimiento médico, la ciencia y la tecnología y su adaptación al cuidado de la salud personal que en la diferente calidad de los servicios médicos o el gasto público en salud.

Por: Ludovico Videla

Ref. David Cutler et al, “The Determinants of Mortality”, Journal of Economic Perspectives, Vol. 20, Nº3, verano 2006.

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