DESLIZARSE SOBRE LAS OLAS GIGANTES

La situación financiera ha comenzado a volverse preocupante. Todo el avance de los mercados bursátiles del año 2007 se ha perdido. Y como en la novela de Albert Camus “La peste”, los rumores de contagio de bancos, instituciones financieras y hedge funds están a la orden del día.

Todavía no hay señales de que los efectos financieros se contagien al sector real, pero el riesgo potencial está claramente presente.

En la economía global hay un riesgo de encadenamiento de la crisis muy elevado que ya fue experimentado en otras ocasiones cuando colapsó el sudeste asiático, después Rusia, Brasil y también un poco después nosotros.

La política monetaria y financiera más aconsejable para enfrentar estas crisis no está muy clara, ni tampoco surge de los libros de texto. La misma expansión de los negocios financieros acompañando la bonanza mundial engendra un despliegue de derivados e interrelaciones que hace que un negocio como el crédito hipotecario de mayor riesgo del mercado americano, termine financiado por fondos europeos o asiáticos.

Cuando en el 2000 la Argentina se acercaba peligrosamente al default en Estados Unidos se dijo que el Fondo Monetario no podía convalidar los negocios de banqueros avezados e imprudentes, que le habían prestado a un país con elevado riesgo y a una alta tasa de interés. Hoy el dilema es parecido: si para evitar males mayores la Reserva Federal financia a los bancos y baja la tasa, puede convalidar negocios financieros riesgosos e imprudentes. Si no lo hace puede provocar una recesión grave.

La especulación sobre derivados financieros permite lograr rendimientos inusualmente altos, como lo prueba la evolución de los hedge funds de los últimos tiempos. Sin duda todo esto es posible por la disponibilidad fácil y casi instantánea de crédito, que permite escalar y apalancar las apuestas. En ello, la cultura pro inflacionaria instalada desde hace décadas favorece el cuadro y gesta enormes ganancias a los que participan del juego. Más aún, como refugio de la inflación han convertido a los inmuebles en objeto de especulación valorizando más allá de toda razonabilidad, el precio de la tierra en ciertos lugares urbanos sofisticados. Como efecto colateral, la concentración de la riqueza se acentúa y transfiere a favor de estos grandes jugadores. Tal vez el camino de salida sea volver a una disciplina monetaria y fiscal que permita dejar de lado las presiones inflacionarias permanentes, que subyacen en el sistema financiero global.

Por: Ludovico Videla, Agosto de 2007.

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