¿PUEDE EL HOMBRE SER IMPARCIAL?

Otra pista (1) para entender este dilema fundamental –nada menos que la discusión de si el Hombre tiene una la naturaleza egoísta o altruista- la ofrecen dos académicos suecos (2). Para ellos, existen distintas esferas morales en la sociedad, y por tanto, normativamente, la conducta “justa” depende del imperativo ético implícito en una esfera determinada. Además, el foco de interés del hombre es variado y no, según simboliza el egoísmo individual del Homo Economicus, único. Concretamente, distinguen 2 alcances de interés –”hacia algunos” y “hacia todos”-, y dos focos de interés humano: “interés propio” e “interés ajeno”.

Construyen así una matriz combinando focos y alcances interés que terminan correspondiendo a las cuatro principales esferas de vida social. Cuando el alcance es “hacia todos” enfocado al “interés propio”, el hombre actúa en el mercado. En el extremo opuesto – interés “hacia algunos” y “ajeno”- se sitúa en su vida de familia o clan. Si su foco es “hacia algunos” pero “propio”, se trata de su grupo de interés o corporación. Finalmente, el alcance “hacia todos” con interés “ajeno” corresponde a la función pública o comunitaria del hombre.

El punto de los suecos es que las ciencias sociales no deberían estar dominadas por la validación de un único paradigma de conducta humana o norma moral, sea ésta el altruismo puro, el egoísmo, la solidaridad o el rent-seeking político. El hombre tiene un repertorio amplio basado en combinar intereses , y en general entiende “con naturalidad” que la conducta que es buena en una esfera –p.ej. egoísmo en el mercado- será inapropiada en otra –la familia-. Buscar un patrón de interés unívoco impide entender mejor y saber nutrir conductas claves y necesarias para la convivencia y el bienestar de la sociedad.

El trabajo se interesa especialmente en la esfera pública, y su atributo central: la imparcialidad, es decir la mirada hacia el “interés ajeno” y de “todos”. La teoría del Homo Economicus le ha hecho mucho daño, convenciéndonos que la inclinación imparcial es “artificial”, y que sólo se emula a través de incentivos, los famosos “premios y castigos” o “palos y zanahorias” de las teorías del Public Choice. De hecho, estas ideas reinan en la Argentina, donde la función pública está destruida, olvidada, y obviamente, la corrupción es generalizada. El Estado está colapsado y la vorágine política coyuntural no tiene freno. No creemos en la vocación pública genuina, sino que la solución pasa por más “palos y zanahorias” en lugar de ver cómo reconstruir la función pública a partir de valores, logrando una profesión digna y gratificante de alto valor y prestigio social, que puede realizar a cualquier ser humano, y en muchos casos bien más allá de lo que pueda aspirar con logros materiales o monetarios.

Por: Gerardo Sanchis Muñoz

1. Ver Ludovico Videla, en “Economía Experimental”, en esta misma columna.

2. Rothstein Bo, Teorell, Jan, “What is Quality of Government”, mimeo, 2005, Göteborg University.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en General. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s