ENRIQUE SHAW

Soy un humilde peón dispuesto a moverme en el tablero de mi vida como Dios quiere que lo haga” E. Shaw (1921-1962).

¿Hay una vocación de empresario, un llamado a una vida de servicio a los demás, como se espera de un médico, de un maestro, aún más, de un sacerdote? En el mejor de los casos, la vocación empresarial parece acotar su cometido a la conducción y gestión en el marco de la economía y de las exigencias de la ética. No es poco si se piensa que la eficiencia, llamada al mayor rinde de los recursos manteniendo la calidad de la producción, tiene un intrínseco valor ético. El primer deber moral de un empresario, señala Rafael Braun, es ser eficiente. ¿Es posible además pensar la vocación de empresario como inspiración religiosa? Quienes conocimos a Enrique Shaw no dudamos de ello” (Carlos García Díaz, Revista Criterio, agosto 2001, N°2264). 

Ambrosio Romero Carranza: “Enrique Shaw y sus circunstancias”

 

 

 

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